Política

Milei evalúa un posible «operativo escrache» contra la corrupción kirchnerista

"Estos tipos hablaban en serio. Se estudiaron hasta la última coma del funcionamiento del Estado y ahora nos tuvimos que poner a laburar en el verano para poder darles pelea". El que habla es un asesor del bloque justicialista de Diputados que acostumbraba irse a la costa en la última semana de diciembre y, en general, no volvía hasta febrero o, incluso, marzo, tras participar de varias roscas políticas en Pinamar y ciudades cercanas.

Ahora, el escenario cambió. Javier Milei se despacha a diario con decretos, resoluciones y proyectos de ley que se parecen cada vez más a un intento de alcanzar la suma del poder público, al menos durante algunos meses, para imponer reformas de fondo, tal vez nunca vistas desde 2003.

Uno de esos «tipos» que se estudió hasta la última coma del funcionamiento del Estado se llama Federico Sturzenegger, quien reunió a un grupo de abogados de distintas firmas para analizar a fondo la letra chica de un entramado de leyes, decretos y resoluciones, que se fueron apilando década tras década conformando capas geológicas de regulación y burocracia. Hay cierta desorientación entre los dirigentes del kirchnerismo y de la izquierda, ante la magnitud del cambio que está lanzando Milei casi a diario. «Sturze» lo vive como una revancha. Le tocó irse en el gobierno de Mauricio Macri cuando el «Toto» Caputo y Nicolás Dujovne convencieron al presidente de que ya no había margen para las políticas de «metas de inflación» y decidieron que había que cambiar la música.

Ahora, Sturze vuelve reinvindicado y a punto de ser nombrado en una nueva dependencia que le dará amplio margen de maniobra. La primera señal se produjo cuando Milei le pidió que posara a su diestra cuando anunció por cadena nacional el mega DNU. Tenía una chaqueta de lino celeste y «zapatillas»… No esperaba semejante reconocimiento.

Sturzenegger y su grupo de abogados trabajaron durante un año para analizar todos los vericuetos legales que duplican disposiciones, o se contradicen directamente, en esa maquinaria cada vez más obsoleta. La idea era que ese megaproyecto fuese ejecutado por un eventual gobierno de Patricia Bullrich, pero no pudo ser. De todos modos, Sturze no bajó los brazos y, cuando Milei se enteró del trabajo descomunal que habían hecho, enseguida los convocó para su gobierno.

En medio de esta lógica, el combo DNU-ley ómnibus de Javier Milei representa mucho más que la orientación estratégica de un Gobierno naciente. Es, ante todo, el esbozo de un proyecto institucional que se sostiene en la idea de que solo el Presidente encarna la voluntad popular. Sobre todo aquel que lo objete, pesará la sospecha de la traición al bien común.

En un total de 1.030 artículos, Milei aspira a controlar y ejercer el poder sobre la economía, administrar los bienes del Estado, reformular como una hoja en blanco el sistema electoral, modificar alícuotas de impuestos, enfrentar a las protestas con una dureza nunca conocida en democracia e intervenir en infinidad de aspectos de la vida cotidiana de los argentinos.
Federico Sturzenegger reunió a abogados de distintas firmas para analizar a fondo la letra chica de leyes, decretos y resoluciones.

Para analistas políticos, lo disruptivo de Milei es busca alcanzar sus objetivos desde una posición de minoría en ambas cámaras parlamentarias y sin negociar previamente ni con partidos, ni gremios ni otras organizaciones afectadas por las medidas. Al contrario, cuanto más solo se queda, más fuerte parece volverse.

El último conejo de la galera lo sacó al advertirles a los legisladores que sino trataban su mega DNU estaba dispuesto a lanzar un plebiscito. Nadie se animó a torearlo, enterados de que la imagen positiva presidencial ronda el 65% y de que la confianza en el gobierno medida por la Universidad Di Tella no para de crecer.

Con su «Ley de Bases y Puntos de Partida para La Libertad de los Argentinos», el Presidente parece querer emular a su admirado Juan Bautista Alberdi. «Sus actos se sostienen en el apoyo popular, resumido en el 55% que optó por él en el balotaje frente a Sergio Massa. Esa cifra, a su juicio, relega a los diputados y senadores a un orden menor, pese a que también ellos ocupan sus bancas gracias al voto ciudadano», señala el periodista político Martín Rodríguez Yebra.

El triunfo de La Libertad Avanza (LLA) en noviembre no tiene un correlato en las cámaras. Con solo 38 de 257 diputados y 7 de 72 senadores, Milei se mueve sin perder el tiempo. El número mágico de la popularidad presidencial puede verse impactado por los efectos del ajuste económico que aplica para sacar al país del incendio inflacionario en que lo dejó el trío Alberto Fernández-Cristina Kirchner-Sergio Massa. «Nunca es mejor momento que ahora. Es shock en todo sentido», reafirma una fuente de la Casa Rosada.

En medio del operativo de saturación -el gobierno intenta dominar la agenda cada día desde temprano-, los opositores por ahora se están enredando en la estrategia del todo o nada. ¿Se arriesgarán a rechazar el mega DNU y quedar a merced del discurso de Milei, que alerta sobre el riesgo cierto de una crisis de «proporciones épicas»? Por ahora, las transformaciones incluidas en el paquete normativo se encuadran una «batalla cultural», así la llamó el propio presidente. Para los analistas, es el péndulo que vuelve tras dos décadas en las que el estatismo se consolidó.

Los líderes parlamentarios miran el panorama con inquietud. Se derrumba la idea de que el triunfo de Milei los colocaría en una posición de fuerza ante un gobierno pobre en bancas. Solo el PRO acompaña con el fondo y las formas de las transformaciones que propone el Poder Ejecutivo. Tiene a Patricia Bullrich y Luis Petri en lugares claves del gobierno. Y a Luis Caputo y a Sturze, podría destacar Mauricio Macri.

En el Congreso hay mucho ruido. Tras casi un año sin sesionar, Milei propone revisar el trato del ciudadano y el Estado, abre la puerta al arancelamiento de las universidades (para extranjeros no residentes, según el texto), que legisla sobre el sistema sanitario, desregula los más variados mercados (legaliza, por ejemplo, la reventa de entradas para eventos deportivos), modifica impuestos, autoriza al Poder Ejecutivo a rescindir contratos y facilita trámites como el divorcio de común acuerdo. Milei pretende contrastar su hiperactividad ejecutiva con la demora del Congreso.

Y se guarda algunos ases bajo de la manga. Es que el desembarco de los libertarios y Juntos por el Cambio en los distintos Ministerios está terminando de desenredar una madeja de burocracia y -se especula- enormes redes de corrupción que, llegado el caso, podrían salir a la luz en forma de modernos «carpetazos».

No obstante, cerca de Milei intuyen que algo lo frena para empezar a revelar casos de corrupción de alta gravedad. Y no es sólo que aún no se terminaron de cerrar las investigaciones. Dicen que, tal vez, no quiera dejarle servida a Cristina Kirchner la posibilidad de volver a ampararse en el lawfare para, desde ese lugar, tratar de recuperar espacios de poder como principal opositora. Otra vez.

Por José Calero | iProfesional

 


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