ActualidadCasa Rosada

Sin gestión, Casa Rosada se dedica exclusivamente a la interna de Unión por la Patria

La permanente asistencia a Balcarce 50 de los principales operadores de Daniel Scioli y Victoria Tolosa Paz, nos referimos a Alberto Pérez y José “Pepe” Albistur respectivamente, dieron frutos al albertismo. Después de una semana de visitas a las provincias donde hubo elecciones, recorridas e inauguraciones, el hombre que Cristina Kirchner ungió como candidato a presidente en 2019 logró torcer el brazo a su hacedora.

Antes de eso, pasaron varias cosas en las entrañas de lo que queda de poder en la sede del Poder Ejecutivo. El lunes, el jefe de Estado asistió a una cumbre extraordinaria de la Comunidad de Policías de América (AMERIPOL), donde junto al apoderado de campaña de Scioli, Aníbal Fernández, hablaron del crimen organizado que corrompe a jueces y políticos.

Por la tarde, el Presidente voló a Tucumán para obtener la foto del triunfo con Osvaldo Jaldo y quien no pudo ser su vice, Juan Manzur. Ya le había ganado la partida el ministro del Interior, y virtual precandidato presidencial cristinista, Eduardo “Wado” de Pedro, quien aterrizó el mismo domingo en el Jardín de la República con la intención de capitalizar una victoria que fue bastante accidentada y conflictiva.

En el mediodía porteño del martes, llegó a Casa de Gobierno la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen. Al terminar la reunión, ella y Alberto Fernández brindaron una declaración conjunta en el Salón Blanco, que resucitó las improvisaciones discursivas del mandatario, esas que incomodan tanto a su equipo.

Antes de invitar a la funcionaria extranjera a que disfrute “nuestras carnes, nuestros asados y nuestras bellezas”, el titular del PEN habló sobre la posibilidad de que Europa agregue valor al litio extraído en el país produciendo baterías. Al rato, increíblemente, fue la propia von der Leyen la que defendió la producción local de ese producto para generar trabajo argentino.

La portavocería dio su toque de inconstitucionalidad diaria, cuando advirtió a los dos periodistas acreditados en la Rosada -que salieron sorteados a la hora de preguntar- que no podían consultar a Fernández sobre temas locales. Una práctica contra la libertad de prensa que se intensifica a menos de seis meses de que finalice el mandato de esta administración.

El resto de la jornada, en vísperas de que venzan los plazos para presentar las alianzas electorales, estuvo dedicada a la rosca política. En ese contexto, el miércoles se organizó otro viaje presidencial, en este caso a San Luis, donde se armó –contrarreloj- una recorrida por obras junto al gobernador Alberto Rodríguez Saá, quien en las elecciones del fin de semana anterior no pudo coronar a su delfín como sucesor, hablamos del ex juez Jorge “Gato” Fernández.

Algo que, de todos modos, no pone en peligro la permanencia de la dinastía Saá en ese territorio, ya que bajo la estrategia de la pelea intrafamiliar con su hermano Adolfo, consiguieron que con el sello opositor de Juntos por el Cambio, se impusiera en los comicios quien fue delegado de ambos en la gobernación entre 2011 y 2015, Claudio Poggi.

De esta manera, el presidente Fernández pudo estar alejado del polémico dato de inflación del mes de mayo que publicó el INDEC, que dirige uno de los acólitos de Sergio Massa, el economista Marco Lavagna.

Las consultoras privadas, los mercados y el Banco Central estimaban un promedio del 9 por ciento, sin embargo la cifra fue del 7,8%. Tres décimas menos que el guarismo, que, para el mismo período, midió el organismo estadístico de la CABA. No fueron pocos los mal pensados que en los pasillos del palacio gubernamental, divisaron en esa casualidad, los vasos comunicantes que existen entre el ministro de Economía y el alcalde de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta.

De todos modos, el acumulado de 42,2% en cinco meses, y el 114,2% interanual -que deja a la Argentina tercera en materia de índices de precios al consumidor a nivel mundial detrás de Venezuela y el Líbano– continúa siendo una traba a las ambiciones presidenciales de Massa, que permanece en fase de espera con respecto a la ayuda que pueda brindar a sus aspiraciones el FMI, que aún no da señales de inyectar esos 10.000 millones de dólares que los costosos viajes a Brasil y China -en busca de oxígeno- no lograron hacer olvidar.

Con esa virtual distancia del escenario beligerante que se vivía en el Partido Justicialista, Alberto Fernández siguió desde las sierras puntanas la disputa que su coyuntural ladero, Aníbal F. daba contra el kirchnerismo, insistiendo en la posibilidad de judicializar el tema de los avales si no se aceptaba la posibilidad de que Scioli, Agustín Rossi y Victoria Tolosa Paz, compitieran en las PASO.

Los albertistas se anotaron un poroto cuando se supo que a regañadientes, los adláteres de Cristina Kirchner tuvieron que aceptar las imposiciones -y documento explosivo mediante- sellar una suerte de “tregua” que les da tiempo hasta el 24 de junio a las 00 hs -cuando haya que presentar a los candidatos definitivos- para tratar de negociar una lista de unidad que permita a la jefa política de ex Frente de Todos (ahora Unión por la Patria), prevalecer sobre ese sector al que despectivamente denomina “minoritario”. Por la noche, en el AMBA ya se veía la pegatina de enormes y onerosos afiches de color rosado con una frase albisturiana en letras negras y en mayúsculas que rezaba: “¡2023 SERÁ VICTORIA!”.

En la mañana del jueves empezaron las respuestas al duro documento del PJ Bonaerense contra Casa Rosada. Unas fueron abruptas, otras más moderadas, pero todas provinieron desde el grupo que se amalgama dentro de un albertismo encubierto que retoma la idea del “sciolismo”.

El más hostil fue el ministro de Seguridad de la Nación, quien señaló que “en el comunicado nosotros somos culpables de todo. Uno de los que se rumorea, porque todavía seguimos sin saber quién va a competir con Daniel Scioli, es Sergio Massa, mi amigo, y es el ministro de Economía. De qué estamos hablando. Tía, tomá la pastilla”, cuestionó.

Esto fue dicho en razón de las acusaciones que Cristina y Máximo Kirchner esbozaron en el texto del peronismo bonaerense. Los dos objetaron la “dedicación y esfuerzo” que los albertistas pusieron en amenazar con llevar al terreno judicial la pelea partidaria, y no así en “recuperar el poder adquisitivo de ciudadanos, en la administración de las reservas del BCRA, o en el acuerdo con el FMI, que quedó muy lejos de las bondades que el presidente anunciara una mañana de enero de 2022”. Todo lo escrito fue refrendado por la Vicepresidenta en Río Gallegos (Santa Cruz) al inaugurar la obra de ampliación del hospital regional local.

La contestación del verborrágico Aníbal Fernández no se hizo esperar: “Amenazar. Solo la amenaza la hacen los canallas. Yo no soy un canalla. No se lo acepto”, espetó enojado el funcionario, que punto seguido, apuntó sus dardos directamente a la titular del Senado al esgrimir que “si ella tiene su manera de ver las cosas y los agravios es la forma en que se va a manejar, es su problema. Yo no pienso manejarme con agravios”, aseguró.

Debido a la conmoción en Chaco por la desaparición -y posible femicidio- de Cecilia Strzyzowski a horas de la primaria que promueve otro mandato de Jorge Capitanich, la portavoz Gabriela Cerruti optó por no dar su habitual conferencia de los jueves. Fue bajo la excusa de cubrir actividades con su jefe, aunque sí se expidió en referencia al tema mediante un tuit en el que manifestó que “no hay mayor bajeza que hacer un uso político de la desaparición de una mujer”. 

Vale decir, que, en ese plató, donde a ese combo de circunstancias se sumaban las discusiones electorales intrínsecas y los problemas económicos que Hacienda prefiere que no sean tocados por la vocera, lo más probable era que la rueda de prensa no se hiciera, como finalmente ocurrió.

Previo al fin de semana largo, Fernández no tuvo agenda pública el viernes. Hasta concluir este artículo, la vocería presidencial no brindó detalles sobre el paradero del jefe de Estado que tampoco se acercó a la sede de Gobierno.

Está claro que, pese a las especulaciones, rumores y operaciones, hay quienes en el oficialismo -en todas sus vertientes- pretenden sostener la lógica de presionar para negociar algo. De cualquier forma, la partida continúa y la rueda de nombres, esos que desorientan al electorado, va a circular casi hasta último momento, y por una simple razón, nada está definido.  

Juan Pablo Peralta, periodista acreditado permanente en Casa Rosada y el Parlamento de la República Argentina para FM Concierto 105.5

Mostrar Más

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver al botón superior