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Tiene dos costillas rotas: el drama de la encargada agredida por la esposa de un diplomático

Juliana, la encargada de un edificio de Recoleta que fue brutalmente atacada por la esposa de un diplomático, sigue con miedo. Tiene dos costillas rotas y teme represalias por parte de Jessica Giovana Pineda, la mujer que la golpeó. Se trata de la esposa del agregado de negocios en la embajada de Panamá, Carlos Lawson.

Después de la golpiza ocurrida el 11 de julio, la situación fue de mal en peor: Juliana recibió desde cartas documento para que no hable del diplomático hasta amenazas dentro del edificio. Ahora, contó, tiene dos costillas quebradas y sigue bajo tratamiento médico.

El conflicto se inició esa mañana cuando la hija del matrimonio dejó la puerta del ascensor abierta y ningún vecino podía usarlo. Entonces, Juliana le hizo un comentario a la menor que derivó en una discusión sobre la vereda de la calle Arenales. Lo que siguió quedó grabado: la esposa del diplomático la agarra de los pelos, la tira al suelo y la golpea.

“Ellos bajaron a las 19.30, me increparon y me dijeron que no tenía que dirigirme a una menor. Yo les pedí perdón, les dije que no sabía que su hija era menor y les pregunté por qué si era menor le dejaban abrir la puerta para que entre cualquier persona”, relató la portera.

La respuesta de Jessica Giovana Pineda fue contundente: “Me dijo que es capaz de hacer cualquier cosa por defender a su hija y que yo había hecho muy mal en dirigirme a ella”. La discusión parecía haberse terminado y, según el relato de Juliana, la mujer se había metido dentro del edificio. Sin embargo, regresó sobre sus pasos.

De acuerdo al testimonio de la víctima, la esposa de Lawson volvió para decirle que iban a dejar nuevamente el ascensor abierto y la encargada les respondió que tenían que respetar el reglamento porque “en el edificio vive mucha gente”. Fue entonces que ocurrió el brutal ataque.

“Cuando la señora me agarró del pelo y me dio un puñetazo en la frente quedé inconsciente. No me acuerdo de cuando caí y en la frente tengo un moretón y un agujero porque se ve que también me clavó la uña”, relató la mujer sobre el impactante episodio.

Juliana detalló que sufrió dos hernias en la cervical a raíz de la caída y que continúa con una fuerte contusión en las piernas pese a que el ataque fue en mayo. “Tengo el brazo izquierdo que se adormece y rompí un montón de cosas porque se me caen cuando las agarro. Tengo dolores de cabeza por la hernia en la cervical. El viernes el psiquiatra me tuvo que aumentar la medicación porque tengo mucho miedo”, contó.

Además, denunció que la ART no se quiere hacer cargo de los gastos de los diferentes estudios y que solo paga el psicólogo y el psiquiatra. La mujer, que vive en ese edificio hace 13 años, teme por su vida y denuncia que sufrió amenazas y cartas a documento por parte del diplomático.

“Él me puso un bozal legal, por eso no puedo nombrarlo, y me mandó una carta a documento. Cuando ocurrió el conflicto llamó por teléfono y habló con un policía durante 20 minutos. El policía me engañó esa noche y me dijo que si quería seguir con la denuncia penal nos iba a meter presas a mí y a la señora. Me vi obligada a firmar el acta como estaba escrita porque necesitaba atención médica”, explicó la mujer.

La encargada contó que, luego de unos días, llevó un sobre con la denuncia y los estudios de la ART y de la obra social a la embajada de Panamá junto con los videos de las cámaras de seguridad. “Les pedí que me firmen la carta que decía qué era lo que contenía el sobre. Me firmaron que lo recibieron, pero después no respondieron. Según la mujer, fue por ese motivo que César Lawson decidió mandarle una carta documento: “Él dice que lo perjudiqué económicamente y psicológicamente por la carta que le mandé a la embajada”.

Bajo todo ese contexto, la preocupación más grande de Juliana es que vive sola en el mismo edificio que sus agresores: “Me siento sola y con mucho miedo. Mi hija vive afuera, está casada y tuvo un bebé, por eso no puede volver. Es una pesadilla para mí, hay lugares en que no hay cámaras y tengo miedo de que me ataque esta gente”, dijo entre lágrimas.

En ese sentido, se lamentó por el trato que recibió por parte del consorcio del edificio: “Tuvieron una reunión, pero jamás me preguntaron cómo estaba, lo único que me preguntan es cuándo vuelvo a trabajar. Yo estoy hace 13 años en ese edificio y esta gente vino en marzo”.

“Ellos siguen viviendo en el mismo edificio como si nada, entran y salen. Yo tengo mucho miedo, es una pesadilla bajar de mi casa. Pedí la perimetral y el botón antipánico, pero no me lo dieron hasta el día de hoy”, cerró. /TN

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